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Nuevos tiempos para las artes plásticas
Las cosas están cambiando en todos los sentidos de la vida cotidiana y el arte, como partícipe de la sociedad, también. Pero a parte de los cambios estéticos o éticos que pueda haber, sobre todo están cambiando los mecanismos de funcionamiento y de difusión y recepción del arte.
En la revista que dirijo elaboramos una encuesta en la que preguntábamos cuál era el futuro de las galerías de arte. La respuesta fue clara y unánime: la profesionalización del sector, que tenía que funcionar como una empresa privada y que no podía vivir de los conceptos antiguos de difusión de las exposiciones y de sus fondos artísticos. Por tanto, el primer gran engranaje era la mentalización de que era un negocio -muy especial por cierto- y, en segundo término, que desgraciadamente si no se salía en los medios de comunicación, ni existías, ni tus aportaciones cogían el crédito necesario para tirar adelante. El crédito y otras variables también dependen del medio en donde sales y de la manera como sales. Pero, en esencia, esto es lo que sucede: salir es igual a existir.
El artista actual y su doble función
Dejando de lado las galerías, vamos a la figura del artista, que nos derivará hacia la figura del gestor cultural de ámbito privado, que es el que en este artículo pretendo reivindicar. El artista actual, y estoy hablando ya del creador del siglo pasado, tiene hoy en día una doble función: una, primaria, que es la de crear y, la otra, que hoy en día ya se ha equiparado a la creación, que es la de difundir su creación para obtener prestigio, dinero, reconocimiento, motivación personal... Recordemos que artistas como Miró dedicaban más del 80 por ciento de sus sueldos a tareas de promoción. El caso de Miró es el caso de una primera figura que tiene claro la importancia del marketing, pero el resto de creadores también deben tomar consciencia de este factor. Con todo, Miró tenía todo un equipo de trabajo constantemente dedicado a esta tarea; un creador con un reconocimiento menor tiene unas posibilidades mucho más reducidas y ya es mucho que disponga de una persona destinada a este hecho.
Evidentemente, si bien hay artistas muy bien introducidos y otros con importantes conocimientos de las relaciones públicas y que hacen de todo un poco -hoy es lo que deben hacer la mayoría-, no todos saben, ni deben saber. Además, los que dedican tanto tiempo a una cosa, la otra vertiente se resiente de manera acentuada. El caso es que entre el artista que no tiene tiempo de casi nada, ni de crear ni de publicitar sus piezas, entre el galerista actual que prácticamente ha abandonado el trabajo de marchante -para ser en muchos casos exclusivamente un tendero- y entre el periódico, la radio y las televisiones que no apuestan con suficiente fuerza por la cultura -que si bien es deficitaria debemos intentar que no lo sea- nace una figura que no está nada fortalecida en nuestra sociedad: el gestor cultural privado.
Del gestor cultural público al privado
Las instituciones públicas apuestan y han definido la figura del gestor cultural público, una mezcla de gestor administrativo con un mínimo de cultura y con asesores especializados. La figura del gestor cultural privado es un tema más delicado. Su perfil es bastante complejo y adopta esquemas renacentistas, en el sentido de polifacético. Es una persona que si bien conoce la historia del arte de los libros también sabe como es la realidad del mercado y del día a día. Por tanto, además de gusto y criterio -algunas veces éste ya viene determinado por críticos de arte y coleccionistas y él no necesita- tiene que convertirse en una especie de marchante de arte que tenga contactos con galerías e instituciones públicas para montar exposiciones y crear toda una ?movida? artística interesante. También contactos, como un comercial para poder vender el producto. En fin, una figura que se está definiendo, muy escasa, ya que aglutinar un personaje con tantas características es complicado, y que no sabemos si saldrá del ramo de los historiadores de arte en paro, de los galeristas más románticos o peseteros, de los artistas frustrados o de los críticos que no pueden publicar o, como se está produciendo, del ramo empresarial más puro y duro; ¿un peligro o una ventaja? Un tema que ya podría ser el adecuado para una próximo artículo.
Autor: Ricard Planas, director de la revista BonArt, revista catalana de arte.
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